El crepúsculo de Aguirre: ni alcaldía ni Moncloa (Vozpopuli)

  • “Por si acaso, nos llevamos antorchas y tridentes, no sea que haya que ir a matar al monstruo”. El ‘monstruo’, cabe pensar, es Esperanza Aguirre. Y el tuit convocaba a la fiesta de las Vistillas y hacía alusión a una posible reedición del ‘tamayazo’. No hizo falta. Carmena fue elegida alcaldesa de la capital. ¿Y Aguirre? ¿Cuál va a ser el futuro de la ‘lideresa’ en su fase crepuscular?

José Alejandro Vara

Esperanza Aguirre observa a Manuela Carmena en la Asamblea de Madrid.

Esperanza Aguirre observa a Manuela Carmena en la Asamblea de Madrid. – Foto EFE

‘Antorchas y tridentes’, clamaban en la red simpatizantes de Podemos para convocar a la ‘verbena ciudadana’ organizada en las Vistillas en honor y gloria de Manuela Carmena, la exjuez de 72 años que logró doblarle el pulso electoral a la candidata del PP a la alcaldía de Madrid. A la aguerrida Aguirre, símbolo, enseña y penúltimo combatiente de un PP que apenas bracea para intentar sobrevivir.

Nadie como Esperanza Aguirre, salvo quizás José María Aznar, despierta tanta inquina entre la izquierda. Aparece el nombre Aguirre y se incendian las redes, se inflaman las tertulias, revientan las columnas (de prensa), se enervan los oradores y se soliviantan las turbas. Tanto que algunos cernícalos, aislados, eso sí, pretendían incluso acudir a un amable fiestorro popular disfrazados de descamisados de Novecento, hoces y rastrillos en ristre, por si el ‘monstruo’ revive. Esto es, por si se producía una segunda edición del ‘tamayazo’. No hubo tal. Juan Carlos Monedero levantaba el puño como un adolescente desde el balcón de invitados con grititos de ‘sí, se puede’.

Algunos amigos de Aguirre comentan que está muy afectada, dolida, tocada. Tantos fieles colaboradores ahora sin cargo, ni puesto, ni sueldo, ni horizonte claro

Reapareció la lideresa en la ceremonia de formación del Ayuntamiento e investidura de la nueva alcaldesa. Seguramente, su ceremonia más triste y su votación más amarga. “Todos y todas los madrileños ya son alcaldesas”, dijo Carmena. ¿Y alcaldesos?. El espeso manto de silencio de dos eternas semanas en el que se sumergió Esperanza Aguirre tras el resbalón electoral había hecho mucho ruido. Rumores y especulaciones anegaban cenáculos y redacciones. Los medios informativos son su biotopo natural. No sabe vivir sin ellos, nadie como Aguirre trisca con tanta soltura entre micrófonos agresivos o inhóspitos platós. Este largo mutismo ha alimentado la serpiente de verano sobre su renuncia definitiva, su paso al costado sin retorno. Su adiós. Triste, solitario y… ¿final?

Aguirre no enviaba señales de una decidida voluntad de reinventarse, políticamente hablando. Al menos de momento. Con ella nunca se sabe. Su familia le ha presionado con insistencia para que lo deje. Ya toca. El puente del Corpus fue muy largo y mucho se habló de ello en el ámbito más íntimo. Algunos amigos comentan que está muy afectada, dolida, tocada. Tantos fieles colaboradores ahora sin cargo, ni puesto, ni sueldo, ni horizonte claro. En el partido piensan que ha culminado ya su última y definitiva etapa. Y que no habrá más. Le reclaman incluso a Rajoy que cierre este incómodo capítulo y, si la protagonista no cede, que monte una gestora en Madrid y se acabe de una vez el baile. Temen que se atrinchere en la presidencia regional y que hasta prepare, como anunció en su momento, un congreso extraordinario refundacional para emerger como el ave Fénix: de entre las cenizas. Nunca se sabe. Aguirre este sábado evidenciaba enormes ganas de seguir en la brega, de fiscalizar el trabajo de los podemistas municipales y de… lo que toque.

Su victoria del 24-M no fue suficiente para lograr la alcaldía. Siete mil malditos votos le faltaron, una nimiedad, apenas cinco manzanas del barrio de Salamanca. Un PSOE demediado y estéril le abrió las puertas del Consistorio a la plataforma de Podemos. Y así, el comparsa Antonio Carmona se convirtió en jocundo palafrenero de la ignota Manuela Carmena. Casi un cuarto de siglo después, el ayuntamiento madrileño cambiaba de color. “Adiós Botella, adiós PP”, coreaban los cantables de los Chueca/friendly, fans de Manuela.

Artículo completo en Vozpopuli

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